Hace 21 años, me preparaba para recibir mi primer birrete y charreteras, que me confirmaban como el caballero alumno 367 de la gloriosa promoción 32 del Instituto Adolfo V. Hall Central, mi periodo de prueba como recluta de gorra y uniforme caqui, habían terminado para dar paso a mi nuevo uniforme.

Fueron años de alegrías e incluso lagrimas, que dejaron en mi vida grandes satisfacciones e inolvidables recuerdos, es por eso que quiero compartir con todos ustedes, esta pequeña reseña, entre sacada de la pagina web del ministerio de la defensa de Guatemala, en donde nos cuenta los inicios y propósitos de los Institutos Adolfo V. Hall.

Un saludo especial a todas las damas y nuevos caballeros alumnos, que este año, recibirán su birrete y charreteras.

El Instituto cívico militar: Adolfo V. Hall Central, ha sido un pilar educativo por su calidad, desde donde ha irradiado la cultura, el deporte, la ética, la moral, la tradición y la ciencia. Lo afirman y garantizan los miles de egresados que han descollado y que testimonian con sus vidas y las huellas dejadas en la patria.

Es un proyecto educativo que ha brindado a la sociedad guatemalteca durante más de 50 años, ciudadanos ejemplares que se han destacado en todos los campos de la actividad humana ya sean académicos, sociales, económicos y militares; por su formación intelectual y humanística.

Fue fundado por el entonces presidente de Guatemala, Coronel Carlos Castillo Armas, por acuerdo Gubernativo 219 de fecha 31 de enero de 1955, divulgado en el Diario Oficial, siendo Ministro de la Defensa Nacional Enrique Close de León y Ministro de Educación Pública el señor Jorge del Valle Matéu.

Anteriormente en el lugar que ocupa actualmente el Instituto Adolfo V. Hall Central, funcionaba en el año de 1939 una guardería de niños en tiempo del presidente Jorge Ubico, en 1949 fue una escuela de aplicación, siendo presidente el Dr. Juan José Arévalo, posteriormente fue un casino militar en el año de 1953, en tiempo del presidente Jacobo Arbenz Guzmán, después de esa fecha funciono como prisión o cárcel de la feria nacional, luego se instaló el salón de juegos llamado NUI que fue fundado por Jorge Toriello. Y en el año de 1955, fue fundado lo que hoy en día es el “Instituto Adolfo V. Hall Central”.

Toma su nombre de Adolfo Venancio Hall Ramírez, hijo predilecto de la Escuela Politécnica y héroe de la patria, que nació en la ciudad de Guatemala, capital de la república, el 18 de marzo de 1866, pocos años antes del triunfo de la revolución liberal encabezada por los generales Miguel García Granados y Justo Rufino Barrios.

Terminada en forma satisfactoria la escuela primaria y llegado el momento de escoger una futura profesión, el adolescente Adolfo V. Hall no vacilo en decidirse por los estudios militares, impulsado por su inclinación a la carrera de las armas y por su destino, que lo encaminaron hacia la Escuela Politécnica, a la que ingreso el 08 de enero de 1882 como caballero cadete numero 280, después de haber ganado brillantemente su examen de admisión. Pronto sobresalió en la Escuela Politécnica por su buen comportamiento, inteligencia y dedicación al estudio como lo hiciera en la escuela de San José de Calazans, donde estudio su primaria, mereciendo en corto tiempo el ascenso a cabo de caballeros cadetes, grado de mando y honorífico, que en la Escuela Politécnica se concede a los caballeros cadetes que se distinguen por su carácter, don de mando, buena conducta, aplicación y aprovechamiento, mas tarde suma nuevos laureles, pues es ascendido a sargento segundo y después a sargento primero de caballeros cadetes, distinción que rara vez concede la Escuela Politécnica, centro de formación de oficiales del Ejercito de Guatemala y que Adolfo V. Hall obtuvo por sus singulares virtudes y merecimientos.

Próximo estaba el sargento primero de caballeros cadetes Adolfo V. Hall a terminar sus estudios militares y graduarse como subteniente de infantería, pero el destino le tenia preparado honores más altos: el ascenso a coronel en el propio campo de batalla y la gloria de una muerte heroica en defensa de su patria, en aras de un ideal sublime y generoso, como era la Unión Centroamericana.

Al decretar el Presidente de la República, general Justo Rufino Barrios, la campaña Unionista, tendiente a reconstruir la gran patria centroamericana que nos legara los próceres, se encontró con que no contaba con instructores capacitados para adiestrar y comandar al Ejercito Unionista, por lo que recurrió a los caballeros cadetes de la Escuela Politécnica, solicitando colaboración de quienes espontáneamente quisieran prestarla, y estos haciendo honor a su establecimiento, se ofrecieron unánimemente, por lo que hubo de hacerse una selección, quedando entre los escogidos nuestro Adolfo V. Hall. El sargento primero de caballeros cadetes Adolfo V. Hall fue destinado al batallón Jalapa, famoso en su época, y con él marcho hacia el frente de batalla, después de haber recibido el amoroso beso con que lo despidiera su abnegada madre, sé distinguió en la acción, como sé había distinguido en las aulas de la Escuela Politécnica, las acciones del 30 y 31 de marzo de ese año 1885, lo encaminaban al triunfo, bajo su mando luchaban con denuedo y eran factor decisivo en el avance; pero el enemigo, bien fortificado en casa blanca resistía los esfuerzos del batallón Jalapa por alcanzar la victoria, en la parte más recia del combate.

El coronel Girón jefe de la unidad había sido muerto y tras él la mayor parte de oficiales. Esa noticia hace que el general Justo Rufino Barrios, general en jefe del ejercito Unionista marche hasta donde están los Jalapas y con su arenga logra que estos se lancen en pos de él, decididos a vencer o a morir; todos se disputan el honor de ser los primeros en tomar el objetivo o caer por la patria grande.

El general Barrios observa el arrojo de un joven “con levitin gris y pantalón grance”, que esta siempre en el puesto de mayor peligro y que resulta ser el instructor del batallón Jalapa, el sargento primero de caballeros cadetes Adolfo Venancio Hall Ramírez.

Admirado el general Barrios por tanto valor y serenidad y necesitando jefes que comanden las tropas, le dirige aquellas famosas palabras que ha recogido la historia de Guatemala: “cadete, los galones que lleva en el brazo, páseselos a la bocamanga”. Así es como el sargento primero de caballeros cadetes de la Escuela Politécnica, es ascendido a coronel del Ejercito de Guatemala en el propio campo de batalla. Impulsado Adolfo V. Hall por esta honrosa distinción, renueva su vigor y energía, se multiplica, se agranda, se agiganta, se supera a sí mismo animando a sus soldados a la lucha conquistar la victoria.

Pero faltaba la acción de Chalchuapa, considerada la decisiva y la más difícil también, porque las tropas enemigas estaban bien atrincheradas y la plaza bien fortificada. El nuevo coronel redobla su coraje y al frente de sus valientes Jalapas animaba el avance, cuando de pronto llega la tragedia: una bala de cañón destrozo el pecho del héroe, quien así ofrenda su vida en el altar de la patria el 02 de abril de 1885, conquistando la inmortalidad junto con el caudillo Unionista, general Justo Rufino Barrios, quien también murió gloriosamente en esa acción. Por eso en la Escuela Politécnica, se le rinde al sargento primero de caballeros cadetes Adolfo Venancio Hall Ramírez, perpetuo tributo de admiración y respeto, teniéndolo como la encarnación de los más puros ideales a que deben aspirar los jóvenes que por vocación escogen la carrera de las armas, como el mejor ejemplo que imitar y la inspiración en el momento en que la patria exige el sacrificio.

Merecidamente se ha tributado un homenaje póstumo a su heroísmo, honrando su memoria al bautizar con su nombre, a los centros de formación cívico militar denominados Instituto Adolfo V. Hall, que tantos laureles ha conquistado en los años que lleva de existencia.

El sargento primero de caballeros cadetes Adolfo V. Hall, permanece eterno en los anales de la historia guatemalteca, como de la institución armada, que es honra, gloria, y vivo ejemplo de las generaciones militares, inmortalizándose su nombre, ante el altar supremo de la patria. Adolfo V. Hall, orgullo de la historia militar de Guatemala, héroe epónimo de la batalla de Chalchuapa, símbolo de la gloriosa y centenaria Escuela Politécnica y del Instituto Adolfo V. Hall.