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18 Nov
Cosas del destino. El segundo mayor productor de automóviles de Estados Unidos, Ford, que en 1996 asumió el control de Mazda para amarrar el futuro de la marca japonesa, se ha visto obligado ahora a desprenderse de un porcentaje significativo del capital de la compañía nipona para cubrir sus necesidades de liquidez.
Siguiendo la estela de General Motors, que enajenará el 3% que aún controlaba en Suzuki, Ford ha anunciado un acuerdo para vender un 20% del 33,4% que posee en Mazda a un grupo de empresas e inversores japoneses, entre los que se encuentra la propia Mazda.
El fabricante estadounidense ingresará en sus arcas alrededor de 540 millones de dólares, un necesario balón de oxígeno para mantener encendido el motor de Ford, pero también un desahogo corto y pasajero para las serias dolencias del mercado. Las verdaderas esperanzas de la industria siguen depositadas en la inclusión del sector en los planes de rescate de su gobierno.
Pero la solución a sus problemas –y los del resto de sectores– no se encuentra en el dinero público, que además es finito, ni en el errado recurso al paternalismo, que suele beneficiar a los ineficientes, sino en aquellas medidas y reformas que hagan posible la reactivación de la economía y del consumo y en aquellas otras que las propias empresas deben acometer para racionalizar sus costes, mejorar su competitividad y adaptarse a la realidad del mercado en cada momento.
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